He sido muy afortunado en el campo profesional, tengo una hermosa familia y vivo en un país al que adoro.
Dios, Panamá, y su gente, me han dado mucho, y ha llegado el momento de devolver, con creces y de manera desprendida, todas las bondades que me han brindado.
Si algo he aprendido en el complejo mundo de los negocios, es que los mismos son buenos en la medida en que ambas partes se beneficien. Como decía un amigo, que sean de dos vías. Esa desprendida actitud crea tolerancia, bienestar y buena fe de las relaciones de las partes involucradas.
Este pueblo ha vivido inmerso en un letargo peligroso generado por la insensibilidad y apatía demostrada, consecutivamente, por el Estado hacia las cosas nuestras. Decir la verdad, e invitar a un diálogo de altura entre todos para solucionar los muchos y agobiantes problemas nacionales, es algo que no se puede postergar más.
Debemos promover la actitud buena de estar a favor de algo, eliminando de raíz esa malsana postura de adversarlo todo, como también superar, de una vez y para siempre, las pequeñeces, caprichos y egoísmos que han definido demasiado la esencia de la política criolla.
• Estoy seguro que todos coincidimos en que queremos, y nos merecemos un país:
• Donde cada panameño llegue a ser alguien de bien,
• Donde el Presidente gobierne con el pueblo y por el pueblo,
• Donde los padres y madres puedan aspirar a que sus hijos sean profesionales y tengan excelentes oportunidades de superación,
• Donde el Estado proteja la producción, la tierra como un bien y al hombre que la hace producir,
• Donde cada hombre, mujer, joven, niño, niña, anciano, viva en condiciones dignas y con la calidad que como ser humano se merece,
• Donde los panameños y panameñas amanezcan cada día con un trabajo decente donde dirigirse cada mañana.
El talento humano y el deseo para ejecutar proyectos de verdadero alcance y repercusión, no sólo a nivel nacional sino también en el ámbito internacional, ha existido siempre en este país.
Tenemos talentos humanos y una geografía bendecida por la mano de Dios, desde Colón y Darién hasta Chiriquí, Bocas del Toro y las Provincias Centrales, para generar riquezas... lo que nos ha faltado, especialmente por parte de quienes nos gobiernan hoy, es una verdadera voluntad para ejecutar los necesarios planes de desarrollo con un absoluto sentido de patria independiente y alta vocación de ser un Estado soberano.
Por lo antes mencionado, los invito a inscribirse en el Partido Panameñista y a acompañarme hasta la Presidencia de la República en mayo del 2009. Juntos podemos convertir a Panamá en un país en que nuestros hijos y nietos tendrán un futuro con salud, educación yprosperidad.